El tiempo (o la excusa perfecta que nos contamos)

Un amigo mío tiene una frase que me encanta: “Más vale llegar media hora antes que un segundo después.” Y sí, la vida es así. Aunque seamos honestos: llegar media hora antes también significa esperar, y a nadie le gusta esperar (salvo que haya botanita de por medio).

La verdad es que tenemos una manía: esperar al momento perfecto.

Esperamos el día exacto para casarnos, el año ideal para tener hijos, la edad justa para cambiar de trabajo o el sueldo soñado para hacer ese viaje que llevamos planeando desde hace diez años.

Y sorpresa: el momento perfecto no existe.

Nunca llega.

Porque no está bajo nuestro control.

Como dice el dicho: “Dios se está riendo de tus planes”… y probablemente también de tus excusas.

El tiempo como pretexto

El tiempo es maravilloso, pero también es el pretexto más elegante que conocemos para no tomar decisiones. Nos contamos historias como: “cuando todo esté más tranquilo”, “cuando ahorre un poco más”, “cuando tenga la señal perfecta del universo”.

En realidad, lo que hay detrás de esa espera no siempre es prudencia, sino miedo, culpa y la necesidad de complacer a los demás. Porque claro, el trabajo que quieres no siempre es el que los otros aplauden, la pareja que eliges no siempre es la que tu mamá imagina, y no te casas porque todavía no tienes la casa, el coche, el perro y el crédito hipotecario.

Mientras tanto, la vida sigue pasando y nosotros seguimos posponiendo.

La ilusión del control

Creemos que cuando tengamos todo “bajo control” entonces sí podremos dar el paso. Pero la vida no funciona así. Nunca está todo bajo control. Ni siquiera cuando creemos que lo está.

Es como querer empezar la dieta el lunes… y resulta que el lunes es feriado, luego martes de tacos, miércoles de pizza y jueves ya ni se diga. La vida no espera a que tengamos controlada la agenda.

El momento es ahora

La realidad es más simple (y más brutal): el tiempo que tenemos es hoy. Actuar ahora, aunque sea con miedo, aunque no esté todo alineado. Porque quizá mañana sea demasiado tarde.

No se trata de vivir con prisa ni de hacer todo de golpe. Se trata de dejar de postergar lo que nuestro corazón ya sabe que quiere. De atrevernos a elegir el trabajo, la relación, el viaje, la locura, la terapia.

El tiempo siempre será relativo, pero nuestra capacidad de decidir no debería serlo.

La invitación

El momento perfecto no se encuentra: se construye en el presente.

Así que, la próxima vez que quieras esperar “a que se den las condiciones”, recuerda esto: lo único que de verdad tienes asegurado es este instante.

Y eso, amigos, es más que suficiente.

Mariana C.

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