• Estafadores del corazón: cuando la soledad se convierte en el blanco perfecto

    Hace unos años El estafador de Tinder se convirtió en el documental de moda previo a San Valentín. La historia de Simón Leviev, con todo y su pésima ejecución audiovisual, destapó lo que muchos ya sabíamos: hay personas que hacen del engaño una forma de vida. Leviev usaba una app de citas para conquistar a sus víctimas, manipularlas emocionalmente y llevarlas al punto de endeudarse con préstamos millonarios para sostener su mentira.

    Hoy, en plena era de The Tinder Swindler, Bad Surgeon, Love Has Won o incluso los hilos virales de TikTok sobre “red flags” en el amor, seguimos dándonos de frente con la misma pregunta: ¿cómo es posible que caigamos en trampas tan evidentes?

    La respuesta no está solo en los jets privados, en las bolsas de diseñador o en los viajes a Dubái. Está en algo mucho más simple y mucho más doloroso: la soledad.

    Tres mujeres, etiquetadas como “interesadas” o “ingenuas”, comparten algo básico: la necesidad de sentirse queridas. Porque no importa si la cita es en las trajineras de Xochimilco o en un yate en Ibiza, lo que realmente engancha no es el lujo, sino esa voz que te hace sentir suficiente, especial, irremplazable.

    El fraude no se limitó al dinero que aún hoy algunas siguen pagando. El verdadero costo estuvo en las emociones invertidas, en el tiempo perdido, en la ansiedad de esperar mensajes que nunca llegaron y en la angustia de descubrir que el amor eterno prometido era solo un guion barato.

    Y aunque pareciera que esto es un caso aislado, la verdad es que todos conocemos —de cerca o de lejos— a alguien que ha sido víctima de un “estafador emocional”. Ese que promete pero no cumple, que grita y después se disculpa con flores, que desaparece y vuelve como si nada, que da migajas y hace creer que es un banquete.

    ¿Por qué caemos tan fácil?

    La respuesta es incómoda: porque no nos amamos lo suficiente. Porque hemos aprendido que nuestro valor depende de lo que alguien más nos da, porque confundimos la necesidad con el amor, porque nos aterra la idea de estar solos un domingo por la tarde.

    La salida no es simple, pero existe. El amor propio y el autocuidado son las únicas armas que nos protegen de caer una y otra vez. Terapia, tiempo frente al espejo, horas de reflexión, límites claros. Aprender a reconocer las red flags más allá de los jets privados: palabras sin actos, promesas rotas, silencios incómodos.

    No se trata de repetir frases de moda tipo “más cabrona que bonita” ni de endurecerse hasta volverse de piedra. Se trata de quererse tanto que no necesites rogar migajas para sentirte suficiente. Se trata de hacer match contigo mism@ antes de deslizar hacia la derecha a alguien más.

    Porque, al final, el fraude más grande no es que alguien más nos mienta… sino que nos olvidemos de nuestro propio valor.

    Mariana C.

  • Háblanos de un tema o asunto sobre el que hayas cambiado de opinión.

    La salud mental en general , adentrarme a conocer más a fondo este tema me ha hecho entender que 1. Todos estamos expuestos a requerir ayuda profesional en algún momento de la vida 2. Que la salud mental se trabaja diariamente así como se previenen otras enfermedades con el estilo de vida que elegimos 3. Que la salud mental no mejora a base de “echarle ganas” 4. Que hay que hablar de ella como se habla de otras enfermedades para genera conciencia.

  • BOTÓN DE PAUSA

    Vivimos en una época en la que todo parece ir demasiado rápido: redes sociales que nunca se detienen, pendientes que se acumulan, expectativas que pesan y comparaciones que cansan. Entre tanta prisa, olvidamos lo más simple: detenernos.

    De ahí nace Botón de Pausa. Este blog es un refugio para quienes necesitamos un recordatorio: no todo se resuelve corriendo, a veces el verdadero avance comienza con un respiro.

    Aquí vamos a hablar de lo que realmente importa:

    De la salud mental, sin filtros ni tabúes. Del crecimiento espiritual, ese que nos invita a mirarnos hacia dentro. De la importancia de la risa, los amigos y las personas vitamina que hacen la vida más ligera. De la soledad, pero no como castigo, sino como un espacio fértil para conocernos mejor. Del perdón, el descanso, la gratitud, y de esos pequeños destellos de calma que aparecen en medio del caos.

    Este no es un espacio de frases vacías ni de positivismo tóxico. Es un lugar para validar lo que sentimos, reconocer nuestra vulnerabilidad y recordar que poner pausa también es sanar.

    Cada artículo será una invitación a reflexionar, a mirarte con más ternura y a reconocer que dentro de ti ya tienes las herramientas para vivir con más congruencia, calma y sentido.

    Así que, bienvenido. Oprime tu Botón de Pausa. Respira. Lee despacio. Quédate con lo que resuene y suéltalo todo lo demás.

    Porque aquí creemos en algo simple y poderoso:

    ✨ No se trata de correr la vida, se trata de aprender a vivirla.

    Mariana C.

    (Y chat GPT)

    https://www.instagram.com/boton_de_pausa?igsh=ZmpqMW41eTFsdGti&utm_source=qr

  • Pausar para vivir mejor: el premio que nunca llega.

    Vivimos en una cultura que aplaude la hiperactividad. Parece que quien duerme poco, agenda juntas hasta en el desayuno y responde mensajes a medianoche es el héroe moderno. Pero aquí la verdad incómoda: nadie nos va a dar un premio por estar trabajando 24/7.

    Nos autoexigimos como si tuviéramos un jurado calificando cada paso. Creemos que todos están pendientes de lo que hacemos, de lo que publicamos, de si cumplimos cada meta o no. Spoiler: la mayoría de las veces nadie está mirando con tanta atención… más que nosotros mismos. Y esa presión autoimpuesta es una de las trampas más dañinas en las que caemos.

    Porque cuando la exigencia es desmedida, la consecuencia no es el éxito sino la frustración. Y cuando además nos comparamos con lo que vemos en redes sociales —esas vidas editadas, iluminadas y filtradas— terminamos midiéndonos con reglas irreales que solo lastiman nuestra salud mental.

    Lo más duro es que nadie nos va a decir que paremos. Mucho menos quienes se benefician de nuestra hiperactividad: los jefes que aplauden las horas extras, las plataformas que viven de nuestro consumo constante, la sociedad que nos vende la productividad como identidad. Si esperamos a que alguien nos dé permiso de descansar, nos vamos a quedar esperando.

    Pausar no es rendirse, es tomar aire.

    Pausar no es debilidad, es estrategia.

    Porque cuando hacemos un alto, no solo relajamos el cuerpo y la mente: también vemos con claridad hacia dónde queremos ir.

    El descanso no es un lujo, es la brújula que nos recuerda que nuestra vida tiene un rumbo más grande que la agenda llena.

    La pausa es el premio que sí podemos darnos.

    Mariana C.